Kimberly es una niña de diez años cuyos padres son Sophie Relish y Jon Teller. Nació en la ciudad de los Santos el 3 de Diciembre del 2012. Su madre, natural de Canadá, tiene 28 años y es doctora. Antes trabajaba en el hospital Pillbox pero tuvo que abandonar su trabajo para hacerse cargo de su familia ya que Jon, el padre de Kimberly, abandonó a su familia. Él es natural de Galicia (España) y ocupó varios puestos de trabajo siendo el puesto de mecánico, en varios talleres de la ciudad, en el que más tiempo estuvo. Kim o Kimmy (como algunos la suelen llamar) tiene un hermano mellizo llamado Sam, el cual nació doce minutos antes que ella.

Kim es una niña muy despierta y con ganas de explorar el mundo. Muy curiosa y confiada. A los 9 meses y medio ya empezó a andar. Le encantaba pasearse por el jardín de su casa y asustar a su madre escondiéndose en los arbustos y saliendo sin previo aviso dando un gritito.



Con tres años Kimberly y Sam tuvieron que ingresar en el colegio por lo que pasaban menos tiempo con sus padres y tíos. No obstante, cuando volvían del colegio, Amber y Eri “malvaban” a los niños, les decían que hicieran travesuras, y les decían cómo hacerlas para que no los pillaran. Sophie siempre era la encargada de reñir a Eri y a Amber por enseñarles tales cosas y de intentar educar en una moral correcta a los niños.


Su padre Jon, solía trabajar en el mecánico. Cosa por la cual hacía que Kim y Sam dijeran que olía mal. Se quejaban si éste los abrazaba al volver del taller. Por otro lado, sus tíos Mike y Eri decidieron marcharse a dar la vuelta al mundo y, aunque ya no los veían tanto, seguían estando presentes a través de videollamadas y mensajes.

Sophie, Jon y Ámber iban casi siempre juntos. Muchas veces sacaban a pasear a los niños y la gente acababa por acercarles para saludar a los pequeños. Conocieron a un montón de personas y casi todos eran “titos” o “titas”. Aprendieron palabrotas y a realizar gestos groseros pensando que no lo eran.


En cuanto a la relación con su hermano siempre ha sido una especie de amor odio. Kimberly quiere ser el centro de atención y a veces no le gusta compartir ese espacio con su hermanito Sam. Es por ello que a veces se pelea con él y le roba los juguetes ya que los quiere todos para sí misma. Sin embargo, cuando ve triste a Sam intenta animarlo dejándole sus propios juguetes. Ha habido veces que ha hecho alguna travesura o roto algo y ha culpado a Sam por ello. Intenta hacer creer que ella es la buena y culpar siempre a su hermano de sus fechorías (aunque nunca lo consigue) es por ello que a veces, incluso, condiciona a su hermanito para que la siga en sus travesuras. Y él encantado, va con su hermana.


A los cuatro años Kimberly ya ha aprendido muchas cosas en la escuela. Sigue pintando y dibujando muy bien para su edad y le gusta leer libros sobre animales. Es muy lista pero a la vez perezosa ya que no le divierte realizar los pocos deberes que le dan en la escuela. Hizo un montón de amigos pero su número uno siempre será Sam quién a pesar de sus riñas y peleas sigue estando a su lado (porque no tiene otro remedio, el pobre)


A los cinco años, Jon cambia de improviso. No tiene trabajo, no tiene motivaciones y cae en la bebida, la cuál lo absorbe y hace que cambie todo su carácter. Descuida su aspecto físico e incluso se vuelve agresivo con Ámber y Sophie a las cuales les acusa de ser malas personas. En una ocasión, amenaza a ambas con una pistola y Sam y Kimberly llegan a presenciar la grotesca escena. Sophie decide tirar a Jon de su vida y lo echa de casa, lanzando las cosas de él a la calle y cerrándole la puerta. Aún así no se sienten seguras y a día de hoy temen que él vuelva para llevarse a Kim y a Sam.


Kim y Sam son llevados a un psicólogo debido al trauma que padecen por ver a Jon amenazando a su madre y a su tía Ámber.

Con seis años, Kim es una niña bastante feliz y despierta. Con el trauma atrás por la ausencia de su padre sigue con sus travesuras. Sophie está más tiempo en casa, debido a que debe cuidar de sus hijos. Ámber la ayuda todo lo que puede pero nunca explica cómo ni de dónde saca dinero y Sophie prefiere no saberlo por lo que no pregunta. En el colegio, sigue destacando notablemente a pesar de ser perezosa. Es admirada bastante por sus amigas y su aire marimandón hace que muchas personas acaben haciendo lo que se le antoje. Aún así no lo hace con maldad, simplemente no se da cuenta cuando manda.


Con siete años le pide a su madre ir a clases de dibujo y la apuntan a esa actividad extraescolar. Va dos días a la semana y con el tiempo se nota su mejoría. Aún así, sigue pintando donde no debe y las paredes e incluso el coche de Ámber sufren la creatividad de Kim. Sophie consigue que sea un poco más estudiosa sobornándola con premios al final de curso.


Cuando Kim tiene ocho años, Amber y Sophie siguen solas cuidando de los dos niños. Los dos hermanos son felices y se dedican a ir al colegio, volver a casa, ir a clases extraescolares y salir de vez en cuando por los Santos. A Kim no le gustan mucho los desconocidos porque recuerda que cuando era pequeña unos tipos trataron de secuestrarla e incluso la amenazaron en una ocasión que se quedaron solos en el parking del taller mecánico Luna. Sin embargo, sigue gustándole conocer gente aunque al principio sea muy precavida.


Sobre los diez años, Kimberly y Sam asisten a un campamento en Londres para aprender a ser mejores personas con la naturaleza. Sin embargo son expulsados cuando Kim convence a Sam de hacer una fogata en mitad de la cocina para asar nubecitas. El resultado fue un incendio que terminó con una de las castas de dicho campamento. Sophie no tiene otro remedio que abandonar Londres para llevarse a sus hijos.


Durante la época de instituto. Los profesores tratan de que Sam y Kim vayan a clases diferentes pero tanto Sophie como Ámber consiguen que esto no pase. En dos ocasiones los cambian de Instituto. Aún así las notas de ambos son altas pese a que ella no está interesada en estudiar sino en dibujar y diseñar cuadros que luego vende por internet haciéndose pasar por una adulta. En una ocasión su madre la descubre pero como va ganándose su dinero y sólo engaña con la edad le permiten seguir con su negocio digital.

Cuando el instituto termina, Kim decide que quiere estudiar Bellas Artes en Los Santos pero su madre quiere volver a Canadá porque añora su tierra. De modo que le pide a Gideon que cuide de la revoltosa de Kim sin nombrarle que puede liarla debido a sus ideas descabelladas. Sam sigue a su hermanita con el fin de estudiar en la Universidad y cuidarla.


Kimberly tiene el pelo claro y los ojos azulados. Sin duda es una niña muy bonita con cara de ángel pero con ideas de demonio.


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—¿Con un policía?


Eri me miró como si fuera un montón de estiércol que estuviera desparramado por su salón. Puse los ojos en blanco. A mi lado, Archi esbozó una sonrisa ladina. Mike volvió su atención hacia nosotros, había estado observando como el conejo de mi prima Eri daba saltos de un lugar a otro en el patio estilo japonés que tenían tras la puerta corredera que ahora estaba abierta.


—¿Qué problema hay?—repliqué con un suspiro. —Nos estamos conociendo y me gusta.


Hacía tan solo un par de horas que nos habían traído desde el aeropuerto y nos habíamos instalado en aquella preciosa casa en Nara.


—Los policías dan asco. Se creen que tienen tanto poder que pueden hacer lo que les venga en gana. —Me replicó.


—Deja que tu prima haga lo que quiera, Eri. —el tono de Mike era conciliador.


¿Cuántas veces había conseguido que mi prima no se metiera en líos? Sin duda la lista ya no podía ni contabilizarse de lo larga que era. No obstante Eri se las ingeniaba para enredarse en algún asunto peor que el anterior. Por ejemplo, tomar el control del clan Bianko tras arruinarse en su viaje de luna de miel. Mike me contó que la disparatada de mi prima se había jugado todo su patrimonio en un casino de Las Vegas. El resultado, quedarse en la calle y no saber cómo apañárselas. La solucíno de Eri, heredar todo lo de su tía Annaisha incluidas las riendas del clan Bianko. No obstante, el plan había funcionado… de momento. Resoplé, siempre me las apañaba para estar rodeada de problemas. Ulven, Amber, enredarme en la compra y venta de drogas, intentar pasar droga de un país a otro con el fin de recuperar la casa de mi abuela… por no decir Cruz. Su recuerdo aún conseguía hacerme sentir un dolor atroz en mi pecho. Las ganas de venganza aún palpitaban en mi interior. Estaba metida en un buen lío. Sabía demasiado y aún no podía creerme que nadie hubiera venido a silenciarme. Por las noches apenas dormía debido a la culpa. Deseaba, hubiera incluso vendido mi alma, para volver el tiempo atrás y haberlo cuidado mejor. O al menos haberle hecho saber que lo quería con todo mi corazón. Las pastillas eran lo único que había conseguido mantenerme serena. Sinceramente me aterraba la idea de depender de ellas de por vida.


—¿Estás de acuerdo, Skye? —Eri se inclinó hacia mi con una amplia sonrisa. Sus cabellos morados se balancearon hasta rozarme la cara.


La miré sin comprender. ¿De acuerdo en qué? Me encogí de hombros.


—Claro, ¿por qué no?


Archi negó con la cabeza al tiempo que posaba la mano en su frente. Mike levantó las cejas sorprendido. Eri, en cambio, rompió en una sonora carcajada.


—Sabía que no dirías que no a una cita doble.


—¿Cómo? —pregunté atónita.


—Y luego jugamos a la botella. —sentenció ella.


Miré a Archi y noté que mis mejillas comenzaban a sonrojarse.

—Espera, Eri, ven aquí.


Sin previo aviso la agarré del brazo y la conduje hasta la cocina.


—¿Qué estás intentando?


—Es obvio. Liarte con Archi para que olvides al policia ese. No me gusta para ti. Seguro que Amber estaría de acuerdo.


—¡No!—repliqué con el ceño fruncido.


—Solo es una cita doble, no lloriquees, pelirroja.


De modo que ahí estaba, horas después, enfundada en un vestido negro. Porque desde que había muerto Cruz había preferido vestir de oscuro a pesar de que sabía que él no lo aprobaría. Estábamos en un restaurante japonés sentados en el suelo sobre almohadones en un tatami apartado. Eri había sentado a Archi frente a mí.


—Ponnos un surtido de todo un poco. Mi prima no es de aquí y quiero que lo pruebe todo.


—De acuerdo, Yoshida. —el japonés hizo una exagerada reverencia antes de retirarse.


—Realmente es una pena que no estéis juntos. —murmuró ella con una sonrisa socarrona.


Puse por milésima vez desde que había llegado los ojos en blanco. ¡Venga ya! ¿No tenía otro tema de conversación?


—Archi tiene a Ling y yo tengo a Ángel.


—Ángel, Ángelito. Ufff. Si no fuera policía te daría el visto bueno pero… ¿Qué hará cuándo se entere de que trabajo para la Yakuza traficando con armas? ¿O cuándo se entere que tu amiguita Roxanne Monnier es la hija de la mafia más importante de Francia? No está preparado para tu vida. No quiero tener a un tipo así husmeando en mis terrenos.


—Yo creo que lo aceptaría…


—¿Estás segura? —Mike me miró preocupado. —Te tengo mucho cariño y no quiero que lo pases mal. Eres como una prima o hermana para mí, Skye.


—No lo sé.


—Recuerda las palabras que te diGo, Skye, el que es policía lo es 24/7 —Archi habló con suavidad. —No quiero echar mierda sobre Ángel. Es buen chico pero… solo te digo que tengas cuidado... Nunca sabes cómo pueden acabar las cosas, y ahora, con lo que sabemos de tu prima, no sabemos si puede acabar fastidiándole, o fastidiándonos a todos.


—Ha aceptado que tuviera información sobre la muerte de Cruz, mi pasado con el tráfico de drogas…


—Lo que tú cuentas forma parte de tu pasado, Skye. Él no te aceptaría conmigo, cerca del clan Bianko o con Roxanne y los Monnier. Solo… ve con cuidado. —Eri me miró severamente. Por primera vez durante todo el viaje la veía siendo madura.


Callé. Tenían razón. Cruz sí hubiera aceptado mis demonios. Tal vez estaba siendo demasiado optimista con Ángel. Él jamás aceptaría mis contactos con la mafia francesa y la japonesa. Al fin y al cabo su trabajo era capturar a los malos y aunque las personas que trabajaban con el contrabando de armas, drogas y coches me caían bien, estaban situadas en el lado contrario al de la justicia. Suspiré, notando que mis manos volvían a temblar debido a los nervios y a la ansiedad que comenzaba a agobiarme. Me levanté de improviso, procurando reflejar una serenidad que estaba lejos de sentir.


—Voy al baño.


Vi a Eri asentir y me precipité hacia los lavabos. Entré y me encerré dentro. Apoyé mi espalda contra la puerta y traté de respirar al tiempo que deslizaba mis dedos dentro del bolsito que llevaba. Localicé el bote de pastillas y tras abrirlo dejé que una de las pastillas se deslizara por mi garganta. Volví a meter el bote dentro y saqué una botellita de agua. Tras darle un trago y esconderla de nuevo suspiré. Me miré en el espejo. La palidez de mi rostro era notable. Me acicalé la trenza y salí. Casi di un salto en cuanto choqué contra Archi.


—¡Dámelas!


Extendió su mano hacia mi pero yo simplemente lo sorteé y pasé por su lado.


—No sé qué quieres que te de. —Repuse, irritándome.


—Sé que has ido a tomarte las pastillas. Sé cuándo te vienen tus ataques de ansiedad.


—Ya no me quedan. —mentí al tiempo que me encogía de hombros.


—Nuestro trato era que me dabas las pastillas y te traía hasta aquí.


—Deja de ser tan pesado, Archi. —gruñí mientras volvía hacia la mesa.


Él me seguía de cerca.


—¿Quieres que te cachee?


—Procura tocarme que te quedas sin manos, hermanito.


Me senté enfurruñada. La mesa ya estaba repleta de platos distintos con pequeñas raciones. Comenzamos a comer sin apenas hablar de nada más. Eri trataba de soltar bromas con el fin de romper la extraña atmósfera que se había instalado entre nosotros. Mike también soltaba algún que otro chiste, los cuales francamente carecían de gracia.


Cuando terminamos volvimos a casa y como no, Eri se empeñó en jugar a verdad o atrevimiento. Insistió tanto que terminamos por acceder a aquel estúpido juego. Al principio todo resultó ser divertido. Eri acabó disfrazada de dragón, Mike terminó disfrazado de maid, Archi tuvo que colocarse un kimono de mi prima y finalmente me tocó a mí decidir entre la verdad o el atrevimiento.


—Mmm. Verdad.—dije.


—Todos hemos hecho el atrevimiento.


—De acuerdo. Pues atrevimiento.


—Es fácil. —Eri esbozó una sonrisa malévola. —Besa a Archi.


—¿Qué? ¡No! —me quejé.


—Eri… ¿qué dices? —Archi la miró sorprendido.


—Es solo un beso. —se defendió ella. En los labios. Un pico y ya está.


Miré dubitativa al que a veces llamaba “hermanito”. Él se encogió de hombros como diciéndome que le daba igual que lo besara o no. Suspiré. Eri insistiría mucho si me negaba. Además, ¿qué malo había en darle un pico a Archi? Pero… sinceramente no quería besar a otra persona. No ya.

—Cobarde. —Eri se burló al tiempo que se recostaba entre los brazos de Mike.


Puse los ojos en blanco. A veces podía resultar demasiado infantil. ¿Cómo podía liderar a un clan que traficaba con armas? ¿Alguien la tomaba enserio? Me dio una patadita suave con los pies desnudos.


—Es solo un beso, qué dramática eres, Skye. Mira.


Se levantó de un salto, se inclinó sobre Archi al tiempo que le sujetaba la cara con ambas manos y le plantó un pico. Oí como Mike se quejaba pero no parecía estar enfadado.


—Es solo un beso. —sentenció Eri volviendo a su lugar, junto a su esposo. —No te pongas celoso, Mikecito.


De reojo vi como le hacía carantoñas. Archi parecía avergonzado. Lo miré unos segundos más y me decidí. Un beso y ya está. Posé mis manos sobre su rostro y lo miré algo azorada. Vamos, sólo unos centímetros más. Mis ojos se posaron en sus labios y dudé. Tenían una forma bonita. Redondeados y carnosos. Tragué saliva, ¿qué debía hacer? Acorté la distancia hasta el punto de sentir su respiración. Mi corazón comenzaba a palpitar fuertemente y de repente…


¡¡¡ME NIEGO A SEGUIR CONTANDO QUÉ PASÓ DESPUÉS!!! ¡No puedo! En fin, fue un viaje entretenido. Vi a Eri quien me metió en líos, al día siguiente del juego tuvimos que huir corriendo del mercadillo porque no le gustó la comida y trató de lanzársela al vendedor. En otra ocasión, también tuvimos que echar a correr el momento en que ella se peleó porque una japonesa le faltó el respeto. En fin. Así fue mi caótico viaje. Loco. Divertido. Angustioso. Con un sin fin de emociones que jamás olvidaré.



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Actualizado: 7 jul

continuación os dejo las hojas de la libreta de Skye Evans. Arriba estarán los escritos más actuales.












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